El último crack de barrio.

 Un dato relevante de la carrera futbolística de Paolo Rossi, es el de que recién después del Mundial de España 82 -la consagración total- fue requerido para jugar en un club grande, la Juventus de Turín. Probablemente si no metía ese primer gol contra Brasil que -según sus propias palabras- "le abrió las puertas del Paraíso", Italia no ganaba aquel mundial, y Pablito en dos o tres años -a lo sumo- hubiera reasumido el rol que mejor le quedaba: un goleador por diversión  en algún equipo local de Toscana. 

Había aparecido como un fantasma en el plantel de la Nazionale en las mismas vísperas del mundial de Argentina 78. Quiero estar seguro de que habrá sido muy resistido entonces por sus propios compañeros. Pero venía en racha en esos meses, 20 goles con un equipo menor de la Serie A  para el descenso que sin embargo aquel año fue el sorpresivo subcampeón; pero parecía un debilucho que cuando chocaba rebotaba comicamente como si tropezase, y ahí se notaba su hilacha: no tenía la carrocería para rozar con prestancia en el duro y violento futbol profesional. Maradona, por dar un ejemplo, el  año que jugó en Boca -1981- tenía la misma edad -21- que Rossi en el mundial del 78, pero ya era un jugador con lesiones.

Una de las últimas fotos que se recuerda de Pablito como futbolista de la alta competencia fue en el mundial de México 86, en   donde aparecía radiante y pletórico en la tribuna del estadio vestido casi de "particú" y con una cámara fotográfica en las manos; mientras sus compañeros de la Nazionale rozaban en la palestra. En Mexico se fue de turista, porque no iba ni al banco en una época donde a la banca de suplentes iban solamente cinco. 

Ligero like Almirón -pero no tan rápido- podía llevar la pelota en velocidad; y, en posición e iniciativa de ataque era un excelente e inteligente distribuidor  -like Raúl Amarilla- que no solo evitaba ralentizar la dinámica del ataque ya desplegado sino que lo aceleraba con toques de primera que forzaba la agudización del ataque. Esta virtud es subrayable porque muchos jugadores en vez de devolver "de primera" para no abortar la dinámica de la oportunidad se quedan con la pelota para una personal que suele terminar en amaguitos inanes, que generalmente terminan perdiendo la pelota, o perdiendo el tiempo que requería la oportunidad. (Ver la jugada del gol de Bettega contra una nutrida y férrea defensa Argentina en el Mundial del 78: la devolución de Rossi forzó aún mas la embestida final de Bettega). Y por su puesto, en  el área grande -en los videos del mundial 78-  aparece como una especie de duende mimado de los dioses, y a sus 21 años también sabe llegar hasta el último esfuerzo y soltar el puntín para el gol contra los austriacos.

Llegó  a los cien goles en toda su carrera. Pero lo que importa es su gigante leyenda que relata los milagros del último crack de barrio que definió un Mundial.

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